En el Caño Martín Peña, las historias de cambio no siempre comienzan con grandes planes, sino con un simple “sí”. Un sí a participar, a aprender, a mirar la comunidad con nuevos ojos.

El diálogo con líderes que crecieron entre sus calles, muestra cómo los programas comunitarios, la educación y la organización vecinal se convierten en motores de transformación. Son historias que demuestran que, con acompañamiento y oportunidades, es posible reconstruir el propio destino y, al mismo tiempo, fortalecer el tejido del barrio.

Invitación a participar

Desde la infancia, muchos de ellos recuerdan haber crecido en un entorno retante, pero lleno de afecto y sentido de pertenencia. Algunos describen infancias alegres, marcadas por la convivencia con vecinos, deportes y la curiosidad por aprender. Otros hablan de las dificultades que trae la vida en comunidades marginadas: la falta de recursos, la violencia, familias fragmentadas y las pocas oportunidades de desarrollo. Sin embargo, en medio de todo, surgían figuras clave: un maestro, un líder comunitario, una trabajadora social o un vecino que los invitaba a “darse una vuelta por la reunión del grupo”. Esa invitación sencilla fue, para muchos, el punto de partida hacia una vida diferente.

Varios recuerdan cómo la primera experiencia comunitaria llegó por casualidad: alguien los animó a llenar una solicitud o a asistir a un encuentro… y lo que comenzó como curiosidad terminó convirtiéndose en compromiso. Pronto pasaron de ser observadores a participantes activos, luego a voluntarios y, con el tiempo, a líderes. En esas asambleas y mesas de trabajo aprendieron a expresarse, a escuchar y a entender que su voz tenía peso.

Cuando otros te ven capaz

Aileen Morales, natural de la comunidad Buena Vista Santurce, líder comunitaria y madre de cuatro, presenta un testimonio revelador al relatar cómo terminó ocupando la presidencia de una de las juntas comunitarias del G8. “No sabía que podía, hasta que alguien me vio capaz”. Esa frase resume el poder del acompañamiento. En el Caño, las personas han descubierto su potencial cuando alguien les abre la puerta y les recuerda que el liderazgo también se aprende caminando. A través de un maestro y líder de la comunidad de Israel & Bitumul, conoce sobre una convocatoria de la Corporación del Proyecto ENLACE  del Caño Martín Peña, decidió solicitar, fue a entrevista y terminó siendo reclutada. “Me impulsaron a participar de una asamblea de la Junta de la comunidad Parada 27 y salí vicepresidenta. Luego fui electa presidenta, cargo que ocupo hasta el día de hoy. Yo no sabía sobre el peligro tan grande que existía de que nuestras comunidades pudiesen desaparecer… entonces aprendí a luchar por nuestra permanencia …a dar la pelea, y a ser empática y solidaria.”

Espacios para aprender, sanar y progresar

Una de las formas de integrar a la juventud de las comunidades en iniciativas positivas, comienza con el rescate de los espacios comunales para poderlos utilizar de forma productiva. “Al rescatar espacios como parques y canchas, logramos ocuparlos con una programación de actividades mayormente deportivas; como baloncesto, voleibol, judo y balonmano; que permite a los jóvenes tener una razón para llegar al punto de encuentro que ofrece un ambiente seguro”, explica Lymaris De Jesús Piñeiro, Coordinadora del Programa de Prevención de Violencia de la Oficina de Participación Ciudadana. Para unirse a las actividades y equipos deportivos, los jóvenes deben participar de talleres sobre temas actuales y relevantes que los educan sobre temas como: violencia de género, racismo, xenofobia e inmigración, entre otros. “Han sido muchas las recompensas que apreciamos en el día a día, que nos muestran que el esfuerzo redunda en aprendizaje…desde una niña que llega con el periódico en la mano diciendo -maestra, este es el tema que hablamos el otro día- hasta jóvenes que han sido becados en colegios en los Estados Unidos, por su talento deportivo, que descubrieron gracias a su integración en los programas del Caño. Lo que en un inicio fue un escape de una situación violenta, llevó a muchos de nuestros jóvenes a descubrir talentos que no conocían de sí mismos”

Jóvenes que lideran hoy... y mañana

Alondra Guzmán Rivera, Coordinadora del Programa Líderes Jóvenes en Acción del Caño Martín Peña (LIJAC) de la Oficina de Participación Ciudadana, abunda sobre esta iniciativa: “En el programa participan jóvenes residentes desde los 10 hasta los 20 años, que son reclutados a través de los talleres porque muestran interés en aprender sobre temas de liderazgo y pensamiento crítico. Estos jóvenes son desarrollados para que aprendan a confiar en sus capacidades y a entender que su opinión tiene inherencia en el presente. 

No tienen que esperar a ser adultos para participar en su comunidad. Aquí permitimos que se inserten en los procesos de toma de decisiones.

” Gracias a estos esfuerzos, la propia comunidad apoya y da voz a los más jóvenes para que sientan la seguridad de ponerse de pie en las juntas vecinales y hablar sobre sus ideas y opiniones. “Estas destrezas les abren muchas oportunidades y proveen el espacio para formarse en un lugar seguro, donde son escuchados, validados y acompañados”, completa Guzmán Rivera.

Los programas impulsados de participación ciudadana han sido piezas fundamentales en este proceso. A través de talleres de liderazgo, formación técnica, prevención y espacios de diálogo, los participantes desarrollan herramientas que les permiten mirar más allá de su realidad inmediata. Han sido muchos los que encontraron oportunidades para insertarse en proyectos productivos y organizaciones en las que encontraron o desarrollaron sus pasiones.

Las historias del Caño Martín Peña confirman que la transformación no llega de arriba, sino desde la comunidad: con voluntad, acompañamiento y amor por el barrio.

Semillas que florecen

Crismaury Alomar y Jerald Constanza, son ejemplos claros del impacto positivo de los programas de participación ciudadana para los más jóvenes. Desde los 11 años comenzaron en las escuelas de la comunidad a insertarse en proyectos comunitarios, además de grupos como los Patrulleros del Ambiente y los Guardianes de la Prevención. Ambos participaron de los esfuerzos iniciales de baloncesto, pero les interesaban más otras áreas. Crismaury que desde joven cocinaba al llegar a su casa, mostró interés en los huertos, participó como intérprete en los recorridos de Bici-Caño y se desenvolvió en temas de agricultura e iniciativas creativas. Hoy en día es sous chef de un restaurante en el Viejo San Juan. “Yo siempre fui curioso…fui como un yes man y me unía a cualquier grupo en el que pudiera aportar alguito. En los talleres de huerto casero, ¡claro que me iba a apuntar! Me interesaba mucho. Hoy en día pienso: qué bueno que seguí este camino y que hice caso”, comenta riendo.

Jerald por su parte, tenía sed de aprender y de “hacer algo”. Se acercó a grupos que se reunían y preguntaba: ¿Qué están haciendo aquí? “Así me fui integrando. Era eso o sucumbir a prácticas negativas, como las drogas o perder el tiempo. Pienso que, al ser más conscientes del daño de estos males, pudimos tomar decisiones importantes desde más jóvenes para elegir un camino más positivo. La gran mayoría de estos jóvenes que participan de los grupos, aprovechan las herramientas y su tiempo. Estudian, trabajan y progresan,” expresa Jerald, primera generación en su familia que terminó estudios y se graduó de la universidad. El joven también fue intérprete de los recorridos en lancha de la microempresa  Excursiones Eco, participó en un internado en Washington DC, y hoy en día, trabaja en la banca mientras planifica estudiar leyes.

La participación ofrece orgullo y pertenencia

Cada paso generó nuevos aprendizajes: la importancia de la solidaridad, el valor de la participación y el orgullo de defender la permanencia en su comunidad. En muchos casos, quienes un día fueron beneficiarios de programas de apoyo hoy trabajan en la misma organización, acompañando a otros que se inician en el camino. Ver las cosas “desde el otro lado”, como dicen algunos, les permitió comprender cuánto esfuerzo hay detrás de cada logro colectivo. La experiencia les enseñó que la transformación social no ocurre por decreto, sino a través de la constancia, la cooperación y el sentido de propósito.

Retos por delante

Estas trayectorias no están exentas de retos. Los entrevistados reconocen que todavía persisten obstáculos: procesos burocráticos lentos, falta de recursos, cansancio, o el simple hecho de que muchos desean ayudar, pero no siempre disponen del tiempo. También mencionan que la educación —no solo la académica, sino la comunitaria— sigue siendo la clave. “Educar para participar, para pensar críticamente, para construir desde el respeto. La educación, es la herramienta más poderosa para sostener el progreso alcanzado”, nos recuerda Jerald.

Las historias del Caño Martín Peña no son solo ejemplos de superación individual: son evidencia del poder colectivo. Cada reunión, cada taller, cada mercado agroartesanal y microempresa que nace, es un pequeño laboratorio de ciudadanía, donde las personas aprenden a mirar su entorno con responsabilidad y esperanza. La transformación, en este contexto, no es un evento aislado, sino una práctica diaria que combina memoria, trabajo y amor por la comunidad.

Visita hechoenelcano.org para descubrir más historias del Caño Martín Peña. ¡Conoce más sobre Hecho en el Caño y únete a la red de microempresarios que ya son parte de una poderosa transformación!