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En el corazón de San Juan, donde el agua y la tierra cuentan historias de resiliencia, nace uno de los proyectos comunitarios más importantes de Puerto Rico: el Proyecto ENLACE del Caño Martín Peña. Lo que comenzó como una iniciativa de infraestructura, evolucionó hasta convertirse en un modelo integral de desarrollo comunitario reconocido a nivel mundial.

Un origen marcado por la necesidad

A principios de la década del 2000, el Caño Martín Peña era visto desde una perspectiva técnica: un proyecto de dragado impulsado desde el gobierno, enfocado en transporte acuático e infraestructura. Sin embargo, la realidad en el terreno era mucho más compleja. Las inspecciones revelaron que el Caño no era solo un cuerpo de agua deteriorado, sino un espacio profundamente habitado. Décadas antes, familias migrantes —muchas provenientes de la transición de una economía agrícola a una industrial— habían ocupado sus márgenes en busca de oportunidades. Sin acceso a vivienda formal, construyeron comunidades resilientes en condiciones precarias. A esto se sumaban memorias de desconfianza: políticas pasadas de erradicación de arrabales, desplazamientos y promesas incumplidas. La comunidad no solo necesitaba infraestructura; necesitaba justicia, estabilidad, participación y voz. Bajo la administración de la ex-gobernadora Sila María Calderón, se da una encomienda especial a los ingenieros Fernando Fagundo (secretario del Departamento de Transportación y Obras Públicas) y Jack Allison (director ejecutivo de la Autoridad de Carreteras y Transportación), para viabilizar el dragado y la canalización del Caño Martín Peña como un proyecto de infraestructura con interés de una alternativa de transporte marítimo de menor escala. De ahí entran en el panorama la arquitecta y planificadora Lyvia Rodríguez Del Valle, primera directora ejecutiva del Proyecto Enlace, y Alejandro Cotté Morales, director de la Oficina de Participación Ciudadana, quienes se integran como empleados de la Autoridad de Carreteras y Transportación. Al comenzar a trabajar en la iniciativa, impulsan el reconocimiento por parte del Estado de que el Caño está ocupado por residencias y familias. Entonces se consolida un nuevo enfoque para la ejecución del proyecto.

De proyecto a corporación: una decisión transformadora

Ante este contexto, surge una visión distinta. Impulsado por líderes comunitarios, técnicos y aliados, el proyecto evoluciona hacia un modelo innovador: creando una ley que a su vez creo una corporación pública y un fideicomiso de tierras con base en la participación ciudadana. “Desde el año 2000, siempre hubo la preocupación de la comunidad sobre qué iba a pasar con el proyecto ante los cambios de gobierno cada 4 años. De esas discusiones, reuniones con el liderato y con el esfuerzo comunitario, se trabajó un plan de desarrollo integral ya que queríamos tener una certeza de que el plan se atendiera y tuviese continuidad. De ahí nace la idea de preparar un proyecto de ley con participación ciudadana que se presentó en la legislatura para que el Proyecto ENLACE saliera de la Autoridad de Carreteras y Transportación, para convertirse en una corporación pública independiente. Desde 2002 al 2004 hubo un proceso participativo y fue el tiempo que tomó elaborar este plan”, explicó Mario Núñez Mercado, director ejecutivo del Proyecto Enlace y del Fideicomiso de la Tierra. La firma de la Ley Número 489 en 2004 marcó un punto de inflexión cuando la legislación reconoció a las comunidades como eje central del proyecto y se crea la estructura que permitiría integrar esfuerzos gubernamentales, federales, municipales y comunitarios bajo un mismo propósito.

Así nace el Proyecto ENLACE del Caño Martín Peña.

no es casual. Representa la conexión entre sectores, saberes y voluntades. Es el vínculo entre comunidad y gobierno, entre academia y práctica, entre historia y futuro. Pero ENLACE no surge en el vacío. Desde los años 50, las comunidades al sur del Caño ya contaban con una tradición organizativa sólida: cooperativas de vivienda, juntas comunitarias y ligas deportivas. En los años 90, estas estructuras se fortalecen aún más, consolidando liderazgo local y capacidad de gestión. Más de setecientas (700) reuniones comunitarias en un periodo de dos (2) años evidencian un proceso participativo profundo, donde los residentes no solo opinan: diseñan, deciden y lideran. El modelo es claro: las comunidades son protagonistas. El camino no ha sido fácil. El proyecto ha tenido que navegar cambios de administración gubernamental, resistencia institucional y debates sobre el control de tierras. Hubo momentos en que propuestas legislativas amenazaban con revertir avances, obligando a la comunidad a movilizarse, cabildear y defender su visión. La lucha ha sido constante: por el reconocimiento, por la permanencia en el territorio, por el derecho a decidir. Sin embargo, cada reto ha fortalecido el modelo. Ha demostrado que la participación ciudadana no es un complemento, sino la base de soluciones sostenibles.

"ENLACE no es solo un proyecto. Es la prueba de que cuando una comunidad se organiza, participa y lidera, puede transformar su historia.”

Un modelo reconocido por el mundo

Hoy, el Proyecto ENLACE es considerado un referente internacional. Su enfoque —que integra desarrollo urbano, justicia social y sostenibilidad ambiental— ha sido reconocido por organismos como las Naciones Unidas, incluyendo el Premio Mundial de Hábitat, a través de su modelo de tenencia colectiva de la tierra mediante el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña. Delegaciones de países en Europa, América Latina, África y Estados Unidos han tenido visibilidad de este gran modelo. Lo que comenzó como una necesidad local, se ha convertido en una inspiración global.

Impacto real: más allá de la infraestructura

El verdadero logro de ENLACE no se mide solo en obras, sino en transformación humana. Se ha fortalecido el sentido de pertenencia, se han creado oportunidades económicas, y se ha validado el conocimiento comunitario como herramienta de desarrollo. El Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña, es pieza clave del modelo, garantiza que las tierras permanezcan en manos de la comunidad, evitando desplazamientos y promoviendo estabilidad a largo plazo. Aquí, el desarrollo no desplaza: incluye. “Valoramos muchísimo lo que piensan los residentes, que son además los que pueden traer soluciones. Nosotros somos la herramienta que viabiliza”, comenta Núñez Mercado, quien tiene una trayectoria de más de 30 años como líder comunitario. Criado en la comunidad de Las Monjas, Núñez ha sido líder prácticamente toda su vida. Su madre trabajó en la industria de la aguja en fábricas de la propia comunidad y su padre fue presidente de la Cooperativa de Solares Pro Hogar Seguro de la Parada 27 y Las Monjas y desde pequeño asistía con su padre a las asambleas de la cooperativa. “Esa vena de querer trabajar por la comunidad, nace de ese modelaje que tuve de mi señor padre. Luego de estudiar en la universidad, en el ‘1996 cuando se reorganiza la comunidad de Las Monjas, María de Lourdes Hernández me hace un acercamiento para integrarme y decido insertarme en la Junta Comunitaria”, nos cuenta. Más adelante, fue electo como presidente del grupo de las ocho comunidades aledañas Caño Martín Peña y su trayectoria como líder comunitario lo llevó a convertirse en director ejecutivo de la Corporación y del Fideicomiso de la Tierra.

“Lo que comenzó como una necesidad local, se ha convertido en una inspiración global.”

El futuro: juventud, continuidad y legado

Mirando hacia adelante, el reto es claro: asegurar la continuidad. El proyecto contempla una transición en la que estructuras comunitarias como el G-8 y el Fideicomiso asuman aún más protagonismo. Pero, sobre todo, el enfoque está en las nuevas generaciones. Hoy, jóvenes del Caño se están formando como líderes, profesionales y agentes de cambio. Algunos ya ocupan roles dentro de la organización, aportando desde áreas como comunicaciones, planificación y desarrollo comunitario. Son el reflejo de un modelo que no solo construye infraestructura, sino futuro. Si hubiera que resumir ENLACE en una sola palabra, sería: compromiso. Compromiso con la gente, con el territorio, con la justicia y con una visión de desarrollo que nace desde la comunidad. Porque al final, ENLACE no es solo un proyecto. Es la prueba de que cuando una comunidad se organiza, participa y lidera, puede transformar su historia… y convertirse en ejemplo para el mundo entero.

Las personas interesadas en conocer más sobre la historia y lucha de esta comunidad, pueden visitar el Museo del Caño, participar en recorridos guiados en bicicleta y apoyar a los microempresarios y comerciantes locales que ofrecen sus servicios y productos. Visita hechoenelcano.org y descubre más.